Empresas y contactos
La empresa con la que se factura y la persona con la que se habla son fichas distintas. En un cliente suele haber dos interlocutores, y mezclarlos obliga a duplicarlo todo para el segundo.
Tablero de oportunidades
Columnas por etapa con el total de cada una. Arrastras la tarjeta y ya está. Las etapas las pones tú: nombre, color, probabilidad y orden.
Todo en una sola línea de tiempo
Llamadas, correos, reuniones, tareas y notas colgando del cliente al que pertenecen, en orden. Con fecha y hora, porque «llamar el jueves» sirve de poco cuando hay ocho llamadas ese jueves.
Campos propios
Los datos que necesitas guardar tú, no los que a nosotros nos parecieron bien. Un taller querrá la matrícula y una asesoría el número de colegiado. Se añaden desde ajustes, sin tocar nada.
Lo que se está quedando atrás
La pantalla de inicio enseña las tareas vencidas, los cierres que ya deberían haber pasado y los posibles clientes a los que nadie ha vuelto a llamar. Ese último es el agujero más caro de un CRM.
De dónde viene cada cliente
Origen y campaña en cada ficha, para saber qué capta de verdad y qué solo da trabajo.
Tres papeles
Dueño, comercial y solo lectura. El de lectura entra y mira, pero no crea, no edita y no borra: sirve para la gestoría o para quien está aprendiendo.
Cada empresa, en su sitio
Los datos de una empresa no los ve otra, y no depende de que nadie se olvide de filtrar: el aislamiento está impuesto en la capa de datos, debajo de la aplicación.
Nada se borra del todo
Archivar una ficha la saca de los listados y conserva su historial. Cuando dos años después hay una discusión, sigue estando.